15 años de Nú mero
Mañana domingo, 13 de julio, “llegamos a quince años de vida y de trabajo en revista Número, durante los cuales hemos publicado 57 ediciones de la revista y 14 libros; hemos realizado 35 eventos de análisis y reflexión, y otras editoriales han publicado más de diez libros a partir de materiales aparecidos en Número.
“Es así como esta revista de publicación trimestral se ha consolidado como un espacio para el análisis y la reflexión, y como un medio independiente, estético y creativo.
“Ya se encuentra en circulación la edición Número 57 de su Revista Número.
“Lo invitamos a visitar los artículos que están publicados en nuestro sitio Web. Y por supuesto, a adquirir la versión impresa en cualquier expendedor autorizado de revistas”.
Gracias, Número.
Dan Johnston
Quedé profundamente impresionado. Valió trasnochar antier. Ahora no recuerdo en cuál canal lo ví. Era Daniel Johnston. Dan, como le dice su padre. Nació el 22 de enero de 1961 en Sacramento, California, pero su eclosión, siendo adolescente, ocurrió en Austin, Texas, Estados Unidos.
Daniel Johnston compone a mil. Sus canciones son tenebrosas, tormentosas, llenas de un extraño encanto lúcido. Esas canciones las canta con voz desafinada, destemplada, quebrada, llena de un extraño encanto. Y toda el piano y la guitarra, a los porrazos, desacompasado, pero lleno de un extraño encanto.
Es folck, folck rock, indie rock, rock alternativo.
Es alucinado.
Sí, Daniel Johnston anda alucinado, vive su mundo, su universo, su abismo en mitad de Dios y el Diablo, dos de sus temas. También compone con Capitán América y con Gasparín. Compone con lo que se le da la gana. Compone.
Es capaz de hacer una docena de canciones, letra y música geniales, en una semana. Y es capaz de pasar semanas y meses sin hacer nada, sumido en un trance, mirando la nada por la ventana.
Es bipolar. Un bipolar radical. Al extremo.
Mi fortuna fue asistir al documental de culto sobre Daniel Johnston. El documental de culto de otro artista de culto, eñ cineasta Jeff Feuerzeig. El documental se titulaba The Devil and Daniel Johnston.
Muestra cuando siendo adolescente, Daniel Johnston era una vorágine por dentro, y sin dinero para comprar más casettes, y apurado por las musas, grababa tras canción tras canción en la mismo casette. ¿Cuánta de su primera obra se pudo perder?
Algunos dijeron en el documental que sus inicios fueron más contundentes que los de Bob Dylan. Y se espera más que de Bob Dylan.
No en vano uno de los fans de Daniel Johnston era Kurt Cobain. Pero pareció ganarle la locura. Su mente perdida, su corazón alucinado.
De los muchos pasajes que quedaron en mí tras el trasnocho con Daniel Johnston y su devil está la reflexión de uno de sus amigos. Reflexión cuando Daniel fue llevado, por enésima vez, al siquiátrico.
“Hablo de la incomprensión de Vicent Van Gogh, y ahora cuando Daniel está encerrado una parte de mi resulta ser indolente”, se dijo, más o menos.
Entonces se sobrepuso, y fue y sacó a Daniel, sabiendo “el riesgo” de sus exaltaciones, sus depresiones, la montaña rusa de su estado mental.
Me encantó que se superara. Que uniera la palabra y los actos.
Es lo que suele faltarnos.
Es hoy Daniel Johnston un artista de culto. Un cantante, un compositor, un dibujante y un pintor de culto.













